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11 abr. 2010

¡Esto es un pico!

Aunque la primavera ya ha irrumpido, debo dar un salto atrás e incluir unos apuntes que realicé hace un par de meses y que se me habían quedado en el olvido. Algo imperdonable. Y no porque sean una maravilla de apuntes, que no lo son, sino por el hecho de que se tratan de picogordos (Coccothraustes coccothraustes) que han venido a dar luz y color al invierno, pues en estos dos últimos años, un pequeño grupo de estas aves ha decidido pasar esta fría estación en la zona donde vivo, por lo que de seguir así, podemos sumar una nueva especie invernante en la zona, lo cuál es una buena noticia en una época en lo que suele ocurrir es justamente lo contrario.

Es un ave que llama poderosamente la atención por la corpulencia de su cabeza y pico, realmente prodigioso, capaz de ejercer una fuerza de aplastamiento de 50-75 kg. ayudado sólo por la poderosa musculatura que lo acciona. Con el aplasta los huesos de cerezas y aceitunas como si de pipas se trataran, accediendo así a un recurso alimentario al alcance de muy pocos. Y es que en la naturaleza no se desaprovecha nada.

3 abr. 2010

Ha empezado la fiesta de la Vida

Ya estamos en primavera y con ella se ha activado un proceso irrefrenable en todo ser vivo: dar continuidad a sus genes. Nuestros campos se han convertido en una auténtica fiesta de luz, color y música para celebrar y llevar a cabo este objetivo. Seguramente, uno de esos primeros seres que nos van anunciando la llegada de esta faceta crucial en la supervivencia de cualquier organismo, sea el pequeño y vivaz verdecillo (Serinus serinus). Ya a principios de enero viste las todavía desnudas ramas de los almendros de color amarillo y su chirriante y repetitivo canto se deja oír por todas partes. Emplea todas sus energías en proclamar su territorio, expulsar de él si procede a otros machos y agradar a la hembra a través de su vestimenta, su canto y sus vuelos mariposeantes.

¡Esta rama es mía! Grafito sobre papel Caballo, 19 X 15 cm. 2010