©Copyright. Lluís Sogorb All rights reserved. Todas las imágenes que aparecen en este blog están protegidas por la ley de la propiedad intelectual. Está prohibida la reproducción total o parcial del contenido de este blog sin el permiso por escrito del autor.

30 mar. 2011

Pintando el invierno en primavera

Una de las causas de que me prodigue poco últimamente es que ando embarcado en varios proyectos. Uno de ellos es este óleo de paisaje invernal con una especie muy representativa de nuestros montes y campos como protagonista. Espero poder mostraros más detalles dentro de poco. De momento, os dejo un instante de mi sesión de trabajo de ayer.

7 mar. 2011

Desempolvando las plumillas

Tal y como prometí hacer algún tiempo a mi colega de inquietudes y excelente artista, Antonio Ojea, al contemplar sus preciosas plumillas a tinta china, he hecho lo propio y, después de quitarles el polvo y “engrasar” mis queridas plumillas, que tenía algo abandonadas, que no olvidadas, para desentumecer la mano y recordar un poco como funciona esto (va a haber que esforzarse bastante viendo el resultado) he realizado este rápido apunte de un gorrión común.

1 mar. 2011

La importancia de un buen aseo

Quien tenga por buena costumbre el observar a las aves, habrá podido contemplar en más de una ocasión el tiempo que dedican al aseo de su plumaje. Y no es para menos, les puede ir la vida en ello. La diferencia de tener unas plumas deterioradas a tenerlas en perfecto estado les puede ser crucial a la hora de esquivar a un depredador o, por el contrario, el dar caza a la presa. Siempre me ha encantado ver como acuden a bebedero y realizan el baño de su plumaje, aunque nos encontremos a 1º C, para acto seguido acudir a un posadero próximo y proceder a acicalar todas sus plumas, una por una.

Recuerdo como quedé fascinado de niño al leer en un libro (ayyy, ¡qué buenos son los libros!) todo el proceso de aseo de un ave:

Lo primero es que no todas las aves se bañaban. Las habían que utilizaban la arena en lugar del liquido elemento. Otras, en cambio, utilizaban agua de lluvia o de rocío en lugar de agua estancada. Sea con agua o arena, se ayudaba con ello a desprender la suciedad y los parásitos del plumaje. Pero lo que sin lugar a dudas más me maravilló fue lo que venía después: el acicalamiento. Sacudidas del cuerpo, estiramientos de las alas, para eliminar el exceso de agua. A continuación, frotamiento del pico en la rama o roca en que se ha posado para dejarlo limpio, porque a continuación había que extraer el aceite de la glándula uropigial. ¡Toma ya! Resulta que la mayoría de aves poseen una glándula justo por encima de donde empieza la cola. Todo un descubrimiento para un chaval. Claro –-seguía yo leyendo—como no pueden sudar como nosotros, tienen que buscar otra solución. Y la solución es esa sustancia grasienta con la que embadurnan el plumaje durante el acicalamiento. Las aves acuáticas son las que más desarrollada tenían dicha glándula, seguramente por sus propiedades impermeables. También se había comprobado que al entrar en contacto esa secreción con la luz solar, se producía vitamina D, con lo que era ingerida o absorbida por la piel mientras se aseaba. También algunas aves utilizaban el olor de esas secreción como olor defensivo, ahí tenemos por ejemplo a la abubilla. Otras, en cambio, segregaban además por la glándula diversos pigmentos carotenoides amarillos, anaranjados y rojos derivados de los alimentos, que son aplicados por las aves en diferentes partes del plumaje, pintándolo así de esos colores. Por último, cómo es lógico, las plumas de la cabeza son inaccesibles al pico, por lo que hay que utilizar las patas y dar un buen rascado. Y una vez limpios... ¡a volar!

“El acicalamiento” Carboncillo negro y blanco sobre tabla. 37 x 28 cm. 2011