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4 sept. 2011

Naturaleza prestada. Naturaleza indignada

“No heredamos la Tierra de nuestros padres,

la tomamos prestada de nuestros hijos”

Tal y como comentaba en mi anterior entrada, hace unos meses empecé un grafito que iba cogiendo en huecos. En estos últimos días decidí darle el empujón final y terminarlo. Es un retrato de mi hijo al que he añadido unas golondrinas comunes (Hirundo rustica) aves, que como él mismo me ha comentado en más de una ocasión, le fascinan. Mientras iba trabajando en este dibujo, me vino a la mente la frase que encabeza esta entrada y que encierra una verdad inmensa. Las acciones de nosotros los adultos, los padres, hacia la Naturaleza determinan la salud del planeta que reciben nuestros hijos. Jugamos pues con la calidad de vida de nuestros descendientes, nosotros, que nos desvivimos en que tengan de todo aquello que pensamos que les van a hacer más felices y obviamos lo principal. Así, por ejemplo, mi hijo disfruta de menos golondrinas de las que debiera pues nuestro trato con la Vida ha sido tan nefasto que lejos de mantenerse los mismos efectivos que había cuando yo nací, han disminuido. La misma suerte corren infinidad de otras aves, mamíferos, anfibios, reptiles, insectos, plantas... Incluso cientos de especies de seres vivos van desapareciendo desde el mismo instante que empezó a respirar sin que llegue nunca a saber de su existencia. Sus paisajes son alterados, diezmados, arrasados en aras de mejorar, dicen, nuestra calidad de vida. Sus aguas se sobreexplotan, envenenando ríos y mares. El aire que nos entregó fresco, transparente y limpio se lo devolvemos ennegrecido e irrespirable. Con nuestras acciones o con nuestra simple indiferencia y pasividad condenamos a nuestros hijos a vivir en un planeta lleno de hambre, tristeza, contaminación y miseria. Cuando ellos nos entregaron un planeta lleno de Vida y recursos para todos.

Una parte de nuestra sociedad se ha levantado de su hasta ahora pasividad indignada ante un sistema injusto que se tambalea pero que intenta seguir aferrado para que los cuatro que están ahí arriba, enriqueciéndose, controlando la mayoría de los recursos, puedan seguir haciéndolo. A costa del bienestar del resto. Y pienso yo que eso está pero que muy bien. Se trata de eso, de utilizar las herramientas que nos proporciona la democracia para alzar nuestra voz y exigir a quienes nos gobiernan que lo hagan de manera correcta. Se trata de interesarse, de informarse. Se trata de pensar, de razonar. No dejarlo para que lo hagan otros por nosotros. Se trata de adquirir conocimientos, de intercambiarlos. Será la única manera de que no nos manipulen y de que los aspirantes a gobernar sepan que han de hacerlo bien, de manera justa y honesta si quieren hacerlo.

Yo aquí sigo empeñado (contra viento y marea) con mis dibujos y pinturas encaminados a difundir la riqueza de nuestra naturaleza, de nuestro planeta. De nosotros mismos. Es mi voz comprometida para contribuir a reconducir nuestro camino y poder devolverle así lo más intacta posible la Naturaleza que un día me prestó, como única vía posible para que disfrute de la calidad de vida que todo padre desea para su hijo y para que en su momento, cuando un día ese hijo sea padre, pueda hacer lo mismo con su hijo.

La Naturaleza también está indignada. Escuchémosla.