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20 mar. 2012

Lo que hay detrás de una obra






Quién acude a ver una exposición de pintura ve una serie de cuadros colgados de una pared. Pero detrás de esas obras... de esos cuadros colgados... hay mucho más. Y precisamente creo que es todo ese proceso creativo el que es más interesante, al menos para el artista. En mi caso, son horas de observación, de sensaciones, de observar. Son horas de adentrarme entre vidas y dejarme llevar. De dejarme seducir. De sentir el frío, el calor, la lluvia, el viento. De sentir las sombras. De sentir las luces. De sentir colores, tonos y matices. Es estar en el escenario y diluirme en la hierba, las rocas, las ramas, en un caracol, un escarabajo, una libélula, un ratoncillo, un gorrión que surca el espacio, la nube del cielo... En definitiva, en el arte de naturaleza se trata de recoger esas sensaciones en rápidos apuntes... almacenarlas en algún lugar del cerebro... tomar alguna fotografía... creo que todo es válido si nos ayuda a plasmar aquello que hemos sentido y que queremos transmitir a quiénes verán después tu obra finalizada. A menudo se aviva el debate si sólo se ha de trabajar del natural o basándose de fotografías, o de una combinación de ambas. Particularmente creo que da igual, que lo importante es ese proceso creativo y lo que terminamos construyendo, lo que terminamos comunicando. Desde luego, lo que si es imprescindible es el contacto con esa naturaleza, con esa vida que vamos a plasmar, de lo contrario será difícil que podamos plasmar esas sensaciones y sentimientos que transmite.
Me gusta patear el campo, adentrarme en el monte y perderme en el bosque, confundiéndome con las sombras. Por tal motivo suelo llevar pequeños y manejables cuadernos que no ocupen mucho y que me permitan movilidad.
Apuntes que han servido de base para la obra “Despertando”.

5 mar. 2012

Despertando


Los primeros rayos de la recién estrenada mañana empiezan a deslizarse y a iluminarlo todo. Un pequeño bando de abejaruco común (Merops apiaster) empiezan a desperezarse entre las ramas de varios almendros. Se solean tranquilamente para entrar en calor en esta mañana fresca de principios de septiembre. Esperan pacientemente también a que las abejas de unos panales cercanos se pongan en movimiento y poder así desayunar. Una leve brisa balancea el ramaje y agita levemente el plumaje de las aves.
Cerca de allí, agazapado, soy testigo de la escena. Ensimismado, contemplo a estas preciosas aves. Con la vista recorro plumas, ramas, hojas... Tomo anotaciones de la incidencia de la luz. De las sombras. Contemplo sobretodo a un par de ejemplares que tengo a un contraluz cruzado, quedando fascinando por los perfilados que la luz dibuja sobre las aves y el ramaje. Uno de los abejarucos queda parcialmente escondido entre un aparente caos de ramas. Quedo prendado de esta escena y la recorro con los prismáticos todo el tiempo que me lo permite el ave africana. Memorizo, me impregno de la luz, el sonido y el ambiente que se desprende en estos primeros instantes de la mañana y tomo anotaciones en mi pequeño cuaderno, para intentar plasmarlo posteriormente en una pintura. Y este es el resultado, más o menos acertado de lo que pude contemplar hace unos meses, en los últimos coletazos del pasado verano.
“Despertando” Alquídico sobre tabla. 41 x 28 cm. 2012