
El lápiz es una herramienta aparentemente simple, que siempre va conmigo. Pero, cuando la utilizamos descubrimos que es capaz de pintar todos los colores en uno.

Restos de una época pasada en la que se obtenía prácticamente todo de la tierra. Ayudándose de ribazos creados con piedras, se creaban terrazas en las laderas del monte para poder cultivar. Hoy, la mayoría de esos campos están abandonados. La montaña está recuperando lo que es suyo. Como testimonio han quedado esos muros de piedra, muchos se van derrumbando, y árboles muertos como el almendro.
En esta pintura he reunido tres elementos que me encanta pintar; las piedras, los troncos de los árboles y, por supuesto, las aves.

El gorrión común es un ave que tenemos tan cerca y a la que vemos bastante a menudo, que nos pasa desapercibida. Este es un estudio de machos de esta especie, que en esta época andan enzarzados en peleas entre ellos a la conquista de las hembras, aportando material para el nido y, entre unas cosas y otras, hay que acicalarse el plumaje.
