
Otro paisaje dunar de Doñana, con un lince de protagonista.

Está fue mi primera incursión con el óleo, en la que experimenté sobretodo con las texturas de las hojas y los reflejos y transparencias del agua. Aunque había mucho que mejorar, lo cierto es que me encantó trabajar con el óleo y con el sigo. Comentar que el óleo empleado en esta obra no es el usual de toda la vida, sino el soluble con agua, con lo que evitamos la utilización de la esencia de trementina y por tanto su toxicidad. Quizás como pega tiene que a la hora de mezclar los colores o conseguir una mayor fluidez del color, la mezcla y la disolución con el agua es más costosa comparada con el óleo tradicional. Los resultados, eso sí, los mismos. Óleo sobre tabla, 1999

Restos de una época pasada en la que se obtenía prácticamente todo de la tierra. Ayudándose de ribazos creados con piedras, se creaban terrazas en las laderas del monte para poder cultivar. Hoy, la mayoría de esos campos están abandonados. La montaña está recuperando lo que es suyo. Como testimonio han quedado esos muros de piedra, muchos se van derrumbando, y árboles muertos como el almendro.
En esta pintura he reunido tres elementos que me encanta pintar; las piedras, los troncos de los árboles y, por supuesto, las aves.

El gorrión común es un ave que tenemos tan cerca y a la que vemos bastante a menudo, que nos pasa desapercibida. Este es un estudio de machos de esta especie, que en esta época andan enzarzados en peleas entre ellos a la conquista de las hembras, aportando material para el nido y, entre unas cosas y otras, hay que acicalarse el plumaje.
