
La enigmática luna, en su fase creciente, la que más me gusta pues la luz del sol incide en un ángulo que resalta sus numerosos cráteres. Grafito sobre papel Gvarro 270 grs.

Este fin de semana he podido dedicar tiempo a tomar apuntes del natural. El sábado tuve la suerte de ver una familia de alcaudones comunes (Lanius senator) con 4 jóvenes que habían prácticamente terminado de abandonar el nido. Se encontraban en un almendro, tranquilos, bañados por la suave y cálida luz matutina. Recién comidos, emitían de vez en cuando algún leve reclamo, como recordándoles a sus padres que estaban allí y que todo estaba tranquilo. Me permitieron observarles un buen rato y mi presencia no les importunó para nada. También es cierto que mantuve una distancia más que prudencial y tomé los apuntes a través de lo que observaba con el telescopio. Y es que en esta época, en la que la vida anda ocupada creando más vida, soy más cauteloso que de costumbre y procuro molestar lo menos posible. Grafito y acuarela sobre cuaderno Cahier de Dessin 16 x

El calamón común (Porphyrio porphyrio) es de esas aves que se ha visto al borde del abismo, pero que afortunadamente ha recuperado efectivos en los últimos años y ha vuelto a colonizar lugares en donde llevaba años extinguido. No quiere decir esto que se encuentre fuera de peligro, máxime cuando necesita de las zonas húmedas para su supervivencia y, es este un ecosistema muy maltratado y acosado por el hombre. Grafito sobre papel Gvarro 160 grs., 2009 50 x

Han pasado casi dos semanas del encuentro en Cáceres y todavía ando saboreando y asimilando todo lo vivido aquellos días. La experiencia me ha sido sumamente enriquecedora. En todos los sentidos. Y es por ello que he de expresar mi más sincero y profundo agradecimiento. A Extremadura, por sus paisajes, sus aromas, sus luces y la riqueza de vida que atesora. A Cáceres por su hospitalidad y acogida; por la belleza de sus calles antiguas; por su convivencia con las aves. A Juan Varela, José Antonio Sencianes, Francisco J. Hernández, Manuel D. Galeote, Manuel Sosa, Regla Alonso, Rosalía Martín, Catalina Somolinos y Chiqui Díaz por todo lo compartido; por su generosidad; por su entusiasmo y pasión en lo que hacen; por transmitirlo; por su compromiso con la vida. A Fernando, por su apoyo constante; por su amistad sincera y desinteresada; por su empeño en querer un mundo mejor para todos. Y a todos aquellos que en los dos meses de vida que tiene este humilde blog se han detenido unos instantes a contemplarlo y han dejado sus comentarios, siempre elogiosos de lo que aquí muestro. A todos, INFINITAS GRACIAS. Ilustro la entrada con una de las obras que pudo verse esos días en la exposición. Un alzacola (Cercotrichas galactotes) posado en lo alto de una chumbera (Opuntia picus indica) haciendo gala del porque de su nombre. La chumbera está trabajada en varias sesiones del natural, siempre a la misma hora. Grafito sobre papel, 2008 63 x

Todavía a día de hoy continuo conmocionado por todo lo vivido estos días en Cáceres. Los paisajes extremeños, la luz, los aromas, el encanto de la ciudad de Cáceres, la vida que palpita en cada rincón... Y sobretodo el tiempo compartido con los compañeros de pinceles e inquietudes. Inexplicable. Impagable. Una gozada verles trabajar en directo. Un deleite poder contemplar en vivo sus obras. Uno se da cuenta lo pequeño que es, cuánto hay por aprender. Paisaje de la dehesa en Villa del Rey, mayo 2009 Grafito sobre papel 297 x

El próximo viernes día

Primeros instantes de un nuevo día. Como suele ser habitual, un pequeño grupo de 8-10 piquituertos se posan en los restos de un árbol de buen porte. El sol ilumina las ramas más altas y en ellas, estas aves de retorcido pico, se solean y acicalan su plumaje, momentos que aprovecho para tomar unos rápidos apuntes antes de que inicien su actividad.

Tengo la suerte de tener (entre otras cosas) por vecinos, muy cerca de casa, a una pareja de cernícalos vulgares que me brindan la oportunidad de observarles muy a menudo. En especial la hembra, que parece ser más confiada que el macho y tolera más mi presencia, dedicándose a sus tareas habituales ignorándome por completo. Bueno, del todo se yo que no. Como buena rapaz que es, nada ni nadie escapan a su penetrante mirada. Hace unos días pude observarla durante bastante tiempo, no se cuánto, la verdad, una porque desde hace varios años he dejado de llevar reloj y otra, porque cuando estoy en el campo pierdo la noción de la medida del tiempo tal y como la tenemos los humanos. Ese día se encontraba posada en lo alto del esqueleto de lo que un día sería sin lugar a dudas un magnífico almendro. Estaba quieta, tan sólo realizaba giros con la cabeza. Desde su posición dominaba unos terrenos, abandonados hoy en día para el cultivo y que por tanto habían sido colonizados de nuevo por diferentes especies de matorrales. De pronto, saltaba como un resorte, realizaba un rápido y suave planeo, deslizándose a un punto concreto, para dejarse caer de pronto, unas veces después de un leve cernido, como una piedra. Otras veces, directamente. En ocasiones realizaba dos o tres saltos por el suelo, como persiguiendo algo. Después reemprendía el vuelo regresando de nuevo al almendro. Si llevaba las patas colgando y una de las garras cerrada, apretada, es que la cacería había tenido éxito. Una vez de nuevo en su rama, daba cuenta de su presa. Insectos y algún que otro roedor fueron su dieta. Era increíble, como era capaz de distinguir entre la maraña de ramas, hojas, flores y piedras los animales que allí se escondían. Podía haber perfectamente de