
En estos días he podido finalizar este grafito de estas pequeñas gatitas que duermen plácidamente arropadas entre esponjosos almohadones. Tranquilas. Juntitas, para compartir el calor de sus jóvenes cuerpecillos. Con sus necesidades satisfechas. Viendo la escena resulta difícil pensar que hasta hace unos días estos felinos andaban por las calles y seguramente engrosarían la lista de gatos abandonados que deben sortear todo tipo de peligros inherentes a estar cerca de los seres humanos para intentar sobrevivir. Pero tuvieron la inmensa suerte de cruzarse en el camino de mi hermano, que tiene la (sana) costumbre de recoger todo lo que se encuentra. Así, ahora, su futuro se presenta más seguro y confortable y eso, sencillamente, por una actitud diferente en ese encuentro. Podrían haber tropezado con alguien que les hubiera arrogado alguna piedra o propinado una patada o, en el mejor de los casos, les hubiera ignorado continuando su camino. Son unos felinos afortunados estos.
Y dibujándolos iba yo pensando en la similitud de estos ahora frágiles seres con la naturaleza en general. Por primera vez en la historia de la Tierra –y mira que han transcurrido ya unos cuántos años- la práctica totalidad de la Vida depende de lo que haga en los próximos años un ser vivo en concreto: nosotros. El que sigan poblando este magnífico planeta cientos, miles, que digo, millones de especies de plantas y animales depende por completo de cómo lo tratemos los humanos en estos años inmediatos. Su extinción será nuestra extinción. Su supervivencia, la nuestra. Así de sencillo. Como lo es también la solución. Sencillamente con un cambio de actitud. Sencillamente con volver la mirada hacia las otras vidas que comparten nuestro viaje en esta aventura. Como hizo mi hermano. Podía haberles propinado una patada y proseguir su camino. Pero decidió compartir la vida con ellos. Devolvió una pequeña parte de lo que la Vida nos da. Y con un esfuerzo casi inapreciable. Es tan fácil que creo que es lo que más duele cuando ves como nos estamos cargando el planeta azul en el que un buen día empezó a palpitar la Vida.
“Dulces sueños” Grafito sobre papel Schoellershamer duria glat 250 grs/m². 37 x





















