
Hace algunos años leía acerca de un medio pictórico que aparecía en la década de los 70 del siglo pasado y aunque sentí interés desde esos instantes de probarlo no ha sido posible hasta ahora. El medio pictórico en cuestión son los colores alquídicos. Reciben este nombre por la resina alquídica que se utiliza para aglutinar el pigmento. Pero bueno, lo interesante para mi son sus peculiares propiedades, en comparación con el óleo y el acrílico.
Su principal ventaja radica en su período de secado, más rápido que la del óleo pero más lento que en el acrílico, lo que me permite tener tiempo para fundir colores o realizar degradados y al mismo tiempo poder realizar varias capas en una misma sesión. Los colores son más fluidos y transparentes que los óleos y por tanto son más luminosos, lo que facilita el detalle. Además, las pinceladas, por finas que sean, mantienen su nitidez y definición. Los alquídicos mantienen un perfecto acabado satinado una vez seco, al no sufrir el embebido de los óleos, que son esas zonas mates que en ocasiones quedan en el cuadro conforme van secando los colores. Además no resbalan, que es algo que en más de una ocasión me ha sacado de quicio al no poder trabajar bien la siguiente capa sobre la anterior ya seca, pues simplemente el color no se agarra, resbalando por la superficie y poniendo a prueba nuestra pericia y paciencia para tratar de solucionarlo.
Mi experiencia con este medio pictórico ha sido muy buena. Me ha encantado y desde luego va a formar parte de mi trabajo a partir de ahora. Obviamente, las cualidades de los alquídicos pueden no serlo tanto para otros artistas, pues va en función del estilo y de la manera de trabajar de cada uno. En mi caso, creo que congeniamos bastante bien. He empezado realizando una pequeña y sencilla pintura para probarlos, antes de adentrarme en algo más complejo.
“Tomando el sol” Piquituerto común (Loxia curvirostra) Alquídico sobre tabla 28 x



















