
Una selección de ilustraciones de aves marinas.

“No heredamos la Tierra de nuestros padres,
la tomamos prestada de nuestros hijos”
Tal y como comentaba en mi anterior entrada, hace unos meses empecé un grafito que iba cogiendo en huecos. En estos últimos días decidí darle el empujón final y terminarlo. Es un retrato de mi hijo al que he añadido unas golondrinas comunes (Hirundo rustica) aves, que como él mismo me ha comentado en más de una ocasión, le fascinan. Mientras iba trabajando en este dibujo, me vino a la mente la frase que encabeza esta entrada y que encierra una verdad inmensa. Las acciones de nosotros los adultos, los padres, hacia la Naturaleza determinan la salud del planeta que reciben nuestros hijos. Jugamos pues con la calidad de vida de nuestros descendientes, nosotros, que nos desvivimos en que tengan de todo aquello que pensamos que les van a hacer más felices y obviamos lo principal. Así, por ejemplo, mi hijo disfruta de menos golondrinas de las que debiera pues nuestro trato con la Vida ha sido tan nefasto que lejos de mantenerse los mismos efectivos que había cuando yo nací, han disminuido. La misma suerte corren infinidad de otras aves, mamíferos, anfibios, reptiles, insectos, plantas... Incluso cientos de especies de seres vivos van desapareciendo desde el mismo instante que empezó a respirar sin que llegue nunca a saber de su existencia. Sus paisajes son alterados, diezmados, arrasados en aras de mejorar, dicen, nuestra calidad de vida. Sus aguas se sobreexplotan, envenenando ríos y mares. El aire que nos entregó fresco, transparente y limpio se lo devolvemos ennegrecido e irrespirable. Con nuestras acciones o con nuestra simple indiferencia y pasividad condenamos a nuestros hijos a vivir en un planeta lleno de hambre, tristeza, contaminación y miseria. Cuando ellos nos entregaron un planeta lleno de Vida y recursos para todos.
Una parte de nuestra sociedad se ha levantado de su hasta ahora pasividad indignada ante un sistema injusto que se tambalea pero que intenta seguir aferrado para que los cuatro que están ahí arriba, enriqueciéndose, controlando la mayoría de los recursos, puedan seguir haciéndolo. A costa del bienestar del resto. Y pienso yo que eso está pero que muy bien. Se trata de eso, de utilizar las herramientas que nos proporciona la democracia para alzar nuestra voz y exigir a quienes nos gobiernan que lo hagan de manera correcta. Se trata de interesarse, de informarse. Se trata de pensar, de razonar. No dejarlo para que lo hagan otros por nosotros. Se trata de adquirir conocimientos, de intercambiarlos. Será la única manera de que no nos manipulen y de que los aspirantes a gobernar sepan que han de hacerlo bien, de manera justa y honesta si quieren hacerlo.
Yo aquí sigo empeñado (contra viento y marea) con mis dibujos y pinturas encaminados a difundir la riqueza de nuestra naturaleza, de nuestro planeta. De nosotros mismos. Es mi voz comprometida para contribuir a reconducir nuestro camino y poder devolverle así lo más intacta posible la Naturaleza que un día me prestó, como única vía posible para que disfrute de la calidad de vida que todo padre desea para su hijo y para que en su momento, cuando un día ese hijo sea padre, pueda hacer lo mismo con su hijo.
La Naturaleza también está indignada. Escuchémosla.

Hace algunos años leía acerca de un medio pictórico que aparecía en la década de los 70 del siglo pasado y aunque sentí interés desde esos instantes de probarlo no ha sido posible hasta ahora. El medio pictórico en cuestión son los colores alquídicos. Reciben este nombre por la resina alquídica que se utiliza para aglutinar el pigmento. Pero bueno, lo interesante para mi son sus peculiares propiedades, en comparación con el óleo y el acrílico.
Su principal ventaja radica en su período de secado, más rápido que la del óleo pero más lento que en el acrílico, lo que me permite tener tiempo para fundir colores o realizar degradados y al mismo tiempo poder realizar varias capas en una misma sesión. Los colores son más fluidos y transparentes que los óleos y por tanto son más luminosos, lo que facilita el detalle. Además, las pinceladas, por finas que sean, mantienen su nitidez y definición. Los alquídicos mantienen un perfecto acabado satinado una vez seco, al no sufrir el embebido de los óleos, que son esas zonas mates que en ocasiones quedan en el cuadro conforme van secando los colores. Además no resbalan, que es algo que en más de una ocasión me ha sacado de quicio al no poder trabajar bien la siguiente capa sobre la anterior ya seca, pues simplemente el color no se agarra, resbalando por la superficie y poniendo a prueba nuestra pericia y paciencia para tratar de solucionarlo.
Mi experiencia con este medio pictórico ha sido muy buena. Me ha encantado y desde luego va a formar parte de mi trabajo a partir de ahora. Obviamente, las cualidades de los alquídicos pueden no serlo tanto para otros artistas, pues va en función del estilo y de la manera de trabajar de cada uno. En mi caso, creo que congeniamos bastante bien. He empezado realizando una pequeña y sencilla pintura para probarlos, antes de adentrarme en algo más complejo.
“Tomando el sol” Piquituerto común (Loxia curvirostra) Alquídico sobre tabla 28 x

Organizando algunos cajones y carpetas me he reencontrado -ya ni me acordaba- con algunos escarceos que tuve en el apasionante mundo del cómic como el que reproduzco a continuación en el que ironizaba con la facilidad que tiene mucha gente en dormir delante de un televisor y la dificultad para hacerlo en la cama. Ha estado bien el volver a ver estos dibujos, muchos de ellos lejanos en el tiempo, pero que explican el camino recorrido. Seguimos caminando...

Estos días he podido avanzar un poco más con la obra de las perdices. Fundamentalmente he trabajado sobre el plumaje de las aves (no se si se apreciará de la instantánea de la última entrada de esta obra) y empezando a dar forma a la nieve del primer plano. Es curioso como cuando consigo que mi parte creativa del cerebro (escasa, eso si) desconecte de todo y se centre en lo que esta pintando, puedo sentir el frescor de la nieve, algo que viene francamente bien en estos días.

Pertrecho en su rama preferida, está el alcaudón común (Lanius senator) atento a cualquier movimiento que se produzca a su alrededor, para lanzarse sin dudarlo a la más mínima oportunidad a la captura de insectos, micromamíferos e incluso pequeñas aves a las que imita con su canto para poder acercarse a ellas. Todo un cazador un poco mayor que un gorrión, aunque carente de las garras y picos de las aves rapaces, por lo que recurre a la ayuda involuntaria de plantas espinosas, en donde ensarta a sus presas para poder desgarrarlas. Una prueba más de la adaptabilidad de la vida para salir adelante.
“El vigilante alcaudón” Acrílico sobre tabla 28 x

El Piquituerto común (Loxia curvirostra) es un ave fascinante, que un buen día decidió adaptar su pico para poder aprovechar el suculento y protegido fruto de las piñas: los piñones. Y después de paciente evolución, desde luego que lo ha conseguido. Sólo hay que ver con que facilidad es capaz de acceder a los piñones. Todo un ejemplo de adaptación y evolución de la vida. Incluso adapta su ciclo reproductor para que coincida en la época que hayan más piñas, para que no falte el alimento.
He querido profundizar algo más en la pintura digital, realizando esta obra enteramente en este medio, eso si, siguiendo el mismo procedimiento que lo haría a la manera tradicional.
Además, pinchando en la imagen, os aparecerá a un tamaño adecuado para quien le apetezca utilizarla como fondo de escritorio de su pantalla de ordenador. Y como hoy en día hay varios formatos de pantalla, si alguien tiene otra resolución de pantalla y desea tener esta imagen, sólo tiene que enviarme su resolución de pantalla a través de CONTACTO y gustosamente se la enviaré a esa resolución. Es un pequeño obsequio que espero sea de vuestro agrado.

Por fin he conseguido manchar toda la tabla y llegar a una primera entonación de la escena. Una escena que quedó grabada en mi mente hace algunos años. Fue aquella una mañana llena de sorpresas. La primera, encontrar el paisaje completamente nevado en aquella mi irrupción en un nuevo día. Fenómeno meteorológico éste, cada vez más poco habitual por mis tierras mediterráneas y que cubrió con su níveo manto todo el paisaje, transformándolo. Creándolo de nuevo. Había que salir al encuentro de este nuevo paisaje y disfrutarlo. Durante el paseo tuve la grata sorpresa de encontrarme con unas aves hermosas, bravas y que habían sobrevivido a una recién terminada temporada de caza y le plantaban cara a este gélido invierno. Por supuesto, se trataba de un pequeño grupo de perdiz roja (Alectoris rufa) que, agazapadas a los pies de un ribazo, intentaban creo yo, sobreponerse a la sorpresa también para ellas, de la nevada.

Este es un fragmento del óleo que apuntaba en una anterior entrada en el que ando ocupado últimamente. Las formas y texturas de las piedras empleadas en esas construcciones creadas por el hombre para escalonar el terreno y convertirlo en cultivos, aguantando la tierra de las acometidas de la lluvia, siguen llamando mi atención.

En efecto, por tercer año consecutivo se celebra una nueva exposición colectiva de Wildlife Art “La imagen de la naturaleza” dentro del Festival de las Aves que se celebra en Cáceres. Este año se adelanta al mes de abril. Concretamente, nuestra exposición se inaugurara el próximo viernes 8 de abril a las 20:30 horas, en las estupendas instalaciones del Museo de Cáceres. Yo participo con tres obras junto a las de catorce compañeros, además de esculturas de otros dos artistas.
Una buena ocasión para disfrutar de arte y naturaleza en estos inicios primaverales. Por supuesto, estáis todos invitados.

Una de las causas de que me prodigue poco últimamente es que ando embarcado en varios proyectos. Uno de ellos es este óleo de paisaje invernal con una especie muy representativa de nuestros montes y campos como protagonista. Espero poder mostraros más detalles dentro de poco. De momento, os dejo un instante de mi sesión de trabajo de ayer.

Tal y como prometí hacer algún tiempo a mi colega de inquietudes y excelente artista, Antonio Ojea, al contemplar sus preciosas plumillas a tinta china, he hecho lo propio y, después de quitarles el polvo y “engrasar” mis queridas plumillas, que tenía algo abandonadas, que no olvidadas, para desentumecer la mano y recordar un poco como funciona esto (va a haber que esforzarse bastante viendo el resultado) he realizado este rápido apunte de un gorrión común.

Quien tenga por buena costumbre el observar a las aves, habrá podido contemplar en más de una ocasión el tiempo que dedican al aseo de su plumaje. Y no es para menos, les puede ir la vida en ello. La diferencia de tener unas plumas deterioradas a tenerlas en perfecto estado les puede ser crucial a la hora de esquivar a un depredador o, por el contrario, el dar caza a la presa. Siempre me ha encantado ver como acuden a bebedero y realizan el baño de su plumaje, aunque nos encontremos a 1º C, para acto seguido acudir a un posadero próximo y proceder a acicalar todas sus plumas, una por una.
Recuerdo como quedé fascinado de niño al leer en un libro (ayyy, ¡qué buenos son los libros!) todo el proceso de aseo de un ave:
Lo primero es que no todas las aves se bañaban. Las habían que utilizaban la arena en lugar del liquido elemento. Otras, en cambio, utilizaban agua de lluvia o de rocío en lugar de agua estancada. Sea con agua o arena, se ayudaba con ello a desprender la suciedad y los parásitos del plumaje. Pero lo que sin lugar a dudas más me maravilló fue lo que venía después: el acicalamiento. Sacudidas del cuerpo, estiramientos de las alas, para eliminar el exceso de agua. A continuación, frotamiento del pico en la rama o roca en que se ha posado para dejarlo limpio, porque a continuación había que extraer el aceite de la glándula uropigial. ¡Toma ya! Resulta que la mayoría de aves poseen una glándula justo por encima de donde empieza la cola. Todo un descubrimiento para un chaval. Claro –-seguía yo leyendo—como no pueden sudar como nosotros, tienen que buscar otra solución. Y la solución es esa sustancia grasienta con la que embadurnan el plumaje durante el acicalamiento. Las aves acuáticas son las que más desarrollada tenían dicha glándula, seguramente por sus propiedades impermeables. También se había comprobado que al entrar en contacto esa secreción con la luz solar, se producía vitamina D, con lo que era ingerida o absorbida por la piel mientras se aseaba. También algunas aves utilizaban el olor de esas secreción como olor defensivo, ahí tenemos por ejemplo a la abubilla. Otras, en cambio, segregaban además por la glándula diversos pigmentos carotenoides amarillos, anaranjados y rojos derivados de los alimentos, que son aplicados por las aves en diferentes partes del plumaje, pintándolo así de esos colores. Por último, cómo es lógico, las plumas de la cabeza son inaccesibles al pico, por lo que hay que utilizar las patas y dar un buen rascado. Y una vez limpios... ¡a volar!
“El acicalamiento” Carboncillo negro y blanco sobre tabla. 37 x

El más que recomendable blog sobre naturaleza amenazada y biodiversidad, Naturahoy.com, ha creído interesante incluirme en su sección Gente Natura. Si te apetece leer la entrevista, pincha aquí. También te recomiendo que te adentres por sus interesantes artículos y secciones.
Desde aquí mi agradecimiento a quienes componen Naturahoy, por su contribución al conocimiento y conservación de nuestra naturaleza y por fijarse en lo que hace un servidor.


Fruto de un convenio de colaboración entre la Universidad de Alicante y el Instituto Jane Goodall, nacía este pasado verano la Cátedra Jane Goodall. Entre los varios proyectos que impulsa esta cátedra se encuentra la creación Premio Jane Goodall de Biología de la Conservación y Ética Medioambiental. En su primera edición, el premio ha recaído en Jesús Garzón, conservacionista infatigable que lleva desde su juventud trabajando en salvar especies en peligro y en conseguir una sociedad más justa y humana, en armonía con la naturaleza. Para obsequiar al premiado, se pensó además de la correspondiente placa acreditativa en algo diferente a lo habitual. Se me sugirió la realización de una pintura para Jesús, algo que acepté de inmediato con gran entusiasmo. Después de refrescar un poco su trayectoria, pensé que lo mejor que podía plasmar era un retrato de águila imperial ibérica, especie a la que ha dedicado muchos años y esfuerzos de su vida.
Para mi ha sido como un sueño poder contribuir modestamente con mi obra al merecido reconocimiento de Jesús Garzón.