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es la única protesta que merece la pena en este asqueroso mundo”. Así solía
despedirse Ramón Trecet al concluir la emisión de su programa radiofónico
Diálogos 3 en RNE, del que fui fiel seguidor durante muchos años hasta el final
de sus emisiones en 2008.
Últimamente suele acudir esta cita a
mi memoria bastante a menudo, no se porque, a tenor de los acontecimientos que
se van sucediendo en nuestra sociedad, en ese empeño de quienes intentan
dirigir nuestros destinos en presentarnos el panorama muy oscuro y pesimista
para este recién estrenado 2012 y así justificar todos los ajustes, reajustes,
recortes, etc... que nos quieren implantar, aludiendo a su necesidad y que son
por el bien de todos nosotros. Y no digo que no vaya a ser un año de
dificultades o más bien de retos, diría yo, lo que más me preocupa es que
detrás de quienes van a salvarnos de la catástrofe están precisamente quienes
nos han llevado a esta situación, lo que ya me hace dudar de que todo esto vaya
a buen puerto.
A mi ya no me cuadra desde el
principio nada, pues tratar de mantener vivo un sistema económico agónico que
sólo entiende la mejora de la calidad de vida en un crecimiento infinito en un
planeta con recursos limitados, es un contrasentido total. Es nuestra
autodestrucción.
Y pienso yo, la solución es bastante
más sencilla de la que nos plantean. Sabemos que estas reglas de juego no
funcionan. Nos llevan al desastre una y otra vez. Pues borrón y cuenta nueva.
Empecemos de cero. Nadie debe nada a nadie, nadie pierde nada. No se acaba el
mundo por esto. Cambiemos las reglas por otras más solidarias, más justas. La solución es tan sencilla que resulta muy
complicada llevarla a buen termino, sobretodo porque unos pocos (¡ay, claro!)
dejarían de ganar mucho, muchísimo dinero y perderían poder y eso es algo a lo
que no están dispuestos esa minoría.
Por tanto, más que nunca, si queremos
salir de esta situación, hemos de implicarnos, tomar parte y luchar con todas
las herramientas que nos ofrece la democracia por esa sociedad más justa.
Porque existe ese mundo bello, no nos queda otra alternativa que salir a su
búsqueda, pues quienes deberían permitir que la belleza nos encontrara tratan
de impedirlo desde que el hombre es hombre.
Buscad la
belleza...